Aprender a aprender de un hijo


Hará un par de semanas escuché en una charla a un padre hablando sobre la emoción que le embargó cuando tuvo por primera vez a su hijo entre sus brazos, recuerdo que explicaba todo lo que los padres le habían dicho con anterioridad respecto al amor incondicional que iba a sentir tal y como lo conociese y la "decepción" que sintió cuando se dio cuenta que no fue eso lo que sintió, si no algo muy diferente. Me sentí en ciertos aspectos de acuerdo con lo que comentaba. No es amor, que también se siente ¿cómo no lo vas a sentir con tu hijo? eso es irrelevante, pues casi debería ser obligatorio, tanto el sentirlo como el mantenerlo; no. En mi caso, si las emociones se pudiesen explicar tan solo con palabras, fue un escalofrío por todo el cuerpo, la sensación de que lo que tenía entre mis brazos era una prolongación de mi propio ser, y que iba a ser para toda la vida.
Esto es lo que sentí en un principio, pero todo esto ha ido cambiando conforme ha ido pasando el tiempo. El cambio más relevante pienso que fue cuando me di cuenta de que no es él una prolongación, si no que soy yo su prolongación. Él nos necesita, no tiene un propio yo formado, no tiene el concepto del paso del tiempo, la madre tiene que amamantarlo...
¿Qué puedo ofrecerle yo? Pues hasta el momento libertad, libertad de movimiento, decisión y aprendizaje. Bueno, eso es muy fácil, podrán pensar algunos, tan solo te cruzas de brazos y ves como crece. Bueno, no es exactamente eso, pero en parte si, no encuentro el aspecto positivo de repetirle una palabra hasta la saciedad para que la repita, soy del parecer que si yo le hablo a él con normalidad, el lenguaje irá calando de alguna manera. Lo mismo pasa con caminar, gatear... y más adelante con leer, escribir, relacionarse... Tengo mis dudas sobre si al no enseñarle la palabra verde con insistencia no pueda nombrarla de mayor, pienso que la aprenderá en el momento que él piense oportuno.
El concepto más importante soy yo, no él. Él es lo que oye, lo que siente, lo que ve, lo que huele a su alrededor, y su alrededor somos nosotros, sus padres, y en este caso particular yo pues es mi experiencia la que explico. Esa es su fuente de inspiración directa, no el repetirle la palabra "verde" hasta que la repita sin significado alguno, sin el concepto ligado a un color. Por lo tanto, por eliminación, solo queda decir que soy yo el que realiza un cambio en si mismo, para luego contemplarlo en él.
Trabajo arduo el de ser padre, pues no es difícil educarlo a él, si no a mi. Me encuentro en un cambio constante desde su nacimiento. Piensas que por la mañana sabes algo sobre él, para desecharlo más tarde, porque vuelve a enseñarte algo nuevo y de una manera que yo ya olvidé hará unos 34 años. Un estado continuo de flexibilidad, y de aprender a aprender.


4 comentarios:

  1. Me parece precioso todo lo que has contando en esta entrada.
    Me identifico con tu reflexión.

    Un abrazo

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  2. Muchas gracias.
    Un abrazo fuerte a los 3.

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  3. Jo, David, que fantática tu aportación, y me encanta el título y frase final. Comparto contigo que el aprendizaje es aprender de un hijo. Recuerdo cuando me decían "es que los hijos son maestros" y ya me rechinaba la palabra "maestro". En cambio ahora, viviendo la experiencia de la paternidad, entiendo que el maestro de mi aprendizaje tengo que ser yo mismo por la conciencia que le tengo que poner al proceso ya que mi hija, más que maestra en el sentido clásico y malgastado de la palabra, para mí es un ejemplo de inteligencia y de libertad de vida. Lo que más me está fascinando es aprender de nuevo a ser libre repetando su naturaleza.

    Ya te lo dije un día, y lo vuelvo a decir: gracias por tu blog.

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